Ayer vi con mi
hermana y mi prima una película llamada “Esto es Guerra”, en la que una chica
guapa (Resse Witerspoon) conoce a dos chicos guapos (guapísimos) que trabajan
en la CIA y pelean por ella, e inmediatamente mi hermana dice:
-En la vida real
eso no pasa, nuca vas a encontrar 2 guapos agentes de la CIA que peleen por ti.
-En la vida real
tampoco eres Resse Witerspoon. Le dije yo.
Pero la vdd. Es que
yo ya no busco guapos agentes de la CIA, rubios y musculosos que vengan a
pelear por mí, eso se lo dejo a mi hermanita que acaba de cumplir 20 años,
ahorita prefiero mejor un tipo interesante que me haga reir, no le hace que este
panzón y le huelan los pies .
Y tampoco quiero
decir que la apariencia no importa, obviamente si veo a un guapote que se cruce
frente a mí no voy a evitar voltear a verle las pompis o los brazos (a mí la
neta me gustan las espaldas bien formaditas) y después puedo dejar escapar una frase
muy al estilo Mauricio Garcés como “arrrrooooz!”. Pero la vdd. es que esos tipos, terminan siendo
pedantes, muy codiciados y huecotes de la cabeza, (la mayoría, porque no voy a generalizar).
Hace unos
cuantos años salía con un hombre con el físico perfecto que me hacia voltear
los ojitos, pero sus platicas eran siempre sobre el, su físico y como mantenerse
buenote. Me aburrí y Salí huyendo de ahí.
Por otro lado, después
conocí al típico hombre no muy agraciado físicamente, pero demasiado acomplejado,
siempre intentando complacerme y alagándome “mi gran belleza” al final también
me hartó y abandone el edificio como Elvis.
Y por último, conocí
a esa especie de hombres que la mujer cree extinta, esos que ya agarraron la
onda que el físico viene valiendo un vil cacahuate, que están seguros de sí
mismos y hacen sentir segura a una chica, que obviamente no son perfectos, pero
intentan acoplarse a la situación. Lo único malo es que ese tipo de hombres por
lo general están por llegar a los 30 o ya pasan de esa edad, y durante mucho
tiempo ya se toparon con las versiones femeninas de los hombres que describí
arriba y ya no quieren saber de relaciones formales con alguien. Y nosotras que
estamos por llegar a los 30 nos quedamos como el chinito “nomas milando”.
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